|
||||||||||||||||||||||||
La piel del bebé
Aunque la piel del bebé tiene el mismo número de capas que la de un adulto, su grosor es tan sólo una quinta parte, por lo tanto, es menos resistente. Además, los bebés tienen:
- Una capa córnea no tan bien definida, con células menos densas, lo que limita la función de barrera. Esto permite que las sustancias migren fácilmente a la piel y se absorban.
- Glándulas sudoríparas y sebáceas menos activas, por lo que la película hidrolipídica y el manto ácido protector son bastante débiles. Sólo la pubertad incrementa la actividad de las glándulas sebáceas por los cambios hormonales.
- Alta sensibilidad a la radiación UV por una menor pigmentación (hay melanocitos presentes, pero son menos activos).
Estas diferencias hacen que la piel del bebé sea especialmente sensible a las influencias químicas, físicas y microbianas, además de ser más propensa a resecarse. Los bebés también tienen problemas para regular la temperatura corporal, ya que tienen una superficie corporal relativamente grande, menor función en las glándulas sudoríparas y una lenta adaptación del sistema circulatorio de la piel.
Rozaduras
La naturaleza confinante de los pañales, combinada con la acción irritante de la orina, las deposiciones, el sudor y el estrés mecánico (fricción), causan inflamación de la piel. El pH elevado por la acción de las bacterias sobre la urea (formación de amoniaco) activa las enzimas trípticas, las cuales producen noxas de contacto que dañan la piel. Las bacterias fecales y el hongo Candida albicans también tienen un papel importante en el desarrollo de las rozaduras.
A partir del cuarto año de vida, la piel se desarrolla lentamente en la piel de un adulto. Para la pubertad, alrededor de los 12 años, la piel se conforma a la estructura y la función de un adulto.
